La peste Antonina

La Historia está llena de pandemias. Aunque los historiadores siempre somos despreciados por los políticos porque nos dedicamos al pasado, en realidad somos como arúspices etruscos porque vemos el futuro, especialmente cuando se cometen los mismos errores que en la Antigüedad.

Eutropio decía que la peste surge cuando las preocupaciones y la desesperanza son mayores. Lo decía para referirse a la peste antonina, que duró desde el 165 al 180 d. C., una enfermedad que vino del extranjero. La victoria de Roma contra los partos se convirtió en derrota cuando los legionarios trajeron una pandemia que mató a un tercio de la población.

En Roma morían dos mil personas diarias porque su población era muy grande y recibía viajeros de todas partes en un mundo conectado por vos romanas y eficientes puertos.

La gente tenía miedo de salir de sus casas y se paralizó el comercio. Casi todas las fuerzas de seguridad de la época, los soldados romanos, perecieron por la pandemia. Todos vivían una época de angustia.

Los emperadores llamaron a los mejores expertos internacionales, que en aquella época era el griego Galeno, que vivió largo tiempo el duro trance de la epidemia, pero no pudo evitar la muerte del propio emperador, Lucio Vero, que huyó de Aquilea ya infectado. 

Habría tenido más oportunidades de sobrevivir con los cuidados médicos de Galeno que huyendo de la enfermedad que llevaba consigo.

La huida a lo loco, aunque sea de un fin de semana, es una grave irresponsabilidad.

Para tiempos de pandemia, que son épocas de irresponsabilidades y de bulos, Marco Aurelio, que gobernó solo sin Lucio Vero, su hermano adoptivo, tenía una propuesta: “No lo hagas si no conviene; no lo digas si no es verdad.”

Vemos consternados como el mundo está lleno de idiotas e incluso algunos gobiernan países. Marco Aurelio decía que "la destrucción de la inteligencia es una peste mucho mayor que una infección".

Marco Aurelio fue el gobernante más honrado y coherente de la historia de Roma. Ojalá tuviésemos a alguien como él en el gobierno o en la oposición. Tenía "la idea de una constitución basada en la igualdad ante la ley, regida por la equidad y la libertad de expresión igual para todos".

Como la gente de aquel tiempo no conocía soluciones médicas, recurrió a la magia y a los milagros. Muchos escribían ensalmos en los dinteles de sus puertas como si los virus supiesen leer, pero con esa falsa esperanza de seguridad, perecían.

Se agotó el tesoro público y el emperador Marco Aurelio hizo lo que hacen los políticos que merecen serlo: subastó sus bienes personales durante dos meses. Hay políticos miserables que en medio de las crisis más espantosas se suben el sueldo, o aún peor: reducen el presupuesto de sanidad, que no solo es robar a los ciudadanos que la han pagado con sus impuestos, sino que es condenarlos. Si alguno véis eso, por favor, votad a otros.

Marco Aurelio, que trabajaba seriamente por su pueblo, reorganizó los servicios públicos, impulsó reformas legislativas en favor de las personas en riesgo, incluidas las mujeres, los niños y los esclavos.

La enfermedad volvió a estallar nueve años más tarde. Murió la mujer y ocho de los trece hijos de Marco Aurelio.

Marco Aurelio también murió por la peste tras siete días de penosa enfermedad. En su agonía pronunció estas palabras: «No lloréis por mí. Pensad en la pestilencia y en la muerte de tantos otros».

El Mundo Antiguo nunca volvió a ser igual después de la pandemia.

¿Cómo quieres que sea el mundo que amanecerá cuando esta pandemia termine?

Dependerá de cómo quieres ser tú.

Marco Aurelio propone un primer paso: “Amóldate a las cosas que te han tocado en suerte; y a las personas con los que te ha tocado en suerte vivir, ámalas, pero de verdad.”