La pira de Urraca y Leonor en 1367

En un campito desamparado cerca del agua, bajo doña Urraca ardían leños milenarios para cocinar la venganza del rey don Pedro. La dama contemplaba por última vez la Giralda y la línea celeste del horizonte mientras las llamas subían como una marea ahogando la sangre y la vida se deshacía entre el fuego junto a la charca.

Los muros de Sevilla se manchaban de humo y de llanto. Los alerces que rodeaban la Laguna de la Feria se volvieron rojos cuando el aire caliente levantó la falda de doña Urraca. Leonor Dávalos se arrojó a los pies de su señora para sostener el vestido que se alzaba y que nadie viese la piel de Urraca podrida por el fuego.

El suelo quedó negro de carbón y de ceniza. El viento esparció el polvo muerto por la tierra y unas mujeres se apresuraron a guardarlo en el cuenco de sus manos y depositarlo en una caja de madera para poder enterrarlos con la dignidad que las dos mujeres merecían.

La historia política es que Juan Alonso Pérez de Guzmán, hijo del Guzmán el Bueno, apoyó a Enrique de Trastámara frente al rey Pedro I el Cruel. Como Pedro I no pudo capturar al hijo, capturó a la esposa, doña Urraca Ossorio, y la quemó en la hoguera junto a la actual Alameda de Hércules a principios de septiembre de 1367.

Guzmán el Bueno y su mujer fueron los fundadores del Monasterio de San Isidoro del Campo, lo que explica que su nuera esté enterrada allí.

Leonor Dávalos se ve como una muñeca diminuta a los pies de la tumba de doña Urraca, sujetándole la falda. La figura es diminuta, pero su lealtad fue muy grande.

El ayuntamiento de Sevilla puso su nombre a una calle muy cerca de donde murieron. El lugar de la pira se conoce como “La cruz de la tinaja”. La Cruz existió hasta 1840 (1) pero ahora es otra calle.

(Imagen de Pilar Domínguez Toscano)

(1) Curiosidades sevillanas, Alfonso Álvarez Benavides